En puridad, la mayoría de las personas no necesitaríamos coche, si hacemos caso a la anterior entrada del blog, o no necesitamos lo que nos compramos. Normalmente un coche es una herramienta útil para trasladarnos y lo cierto es que la sensación de libertad de movimientos que nos da es algo a lo que muchos nos cuesta renunciar, sabes que si necesitas ir en cualquier momento a algún lado, va a estar ahí para llevarte salvo avería de algún tipo.
Por lo general no compramos, ni en automóviles ni en casi nada, lo que estrictamente necesitamos, si no lo que queremos. Aunque el ser humano es un ser racional, lo cierto es que muchas veces nos movemos por impulsos a la hora de tomar muchas decisiones y la compra de un coche no es diferente en este sentido. Tampoco es grave, pues aunque inconscientemente nuestras decisiones casi siempre se limitan en riesgo, exceptuando una ignorancia supina o una falta de capacidad de análisis de riesgos primarios, nuestros instintos nos limitan el riesgo que vamos a asumir, así, la mayoría de los mortales no nos planteamos la compra de un Ferrari de forma seria.
Por tanto, las diferencias entre lo que estrictamente necesitamos y lo que normalmente decidimos es un margen que cada uno ha de tener en cuenta según sean sus propias necesidades y su capacidad de compra y finalmente tenerlo en cuenta en el momento de la compra.
Esto tampoco tiene por qué ser malo estrictamente, comprarse el coche que uno desee y cumpla sus necesidades no es negativo ni mucho menos, siempre y cuando, obviamente, no conlleve la ruina personal de uno mismo o de la familia y no sería el primero.
Por tanto, la respuesta a la pregunta ¿que coche necesito? es "sencilla": el que tú quieras siempre y cuando hayas acotado el riesgo a tus posibilidades. Sin más.
No hay que temer el riesgo a equivocarse en esta vida, como digo siempre y cuando nos movamos dentro de unos límites razonables.
Otro día hablaremos de dichos límites.

No hay comentarios:
Publicar un comentario